LA PAZ QUE LES DEBEMOS
A veces la vida te pega un cachetazo de realidad donde menos lo esperás. Te encontrás ahí sentado, mirando la inocencia pura, una sonrisa que no sabe de rencores, unos ojos que solo buscan disfrutar el momento. Y de repente, se te llena la mirada de lágrimas. No es tristeza, es un nudo en la garganta que te aprieta porque sabés lo que hay detrás. Sabés que mientras esa criatura sonríe, el mundo de los adultos que la rodea se está prendiendo fuego. Me partió el alma ver ese contraste. Ver cómo los grandes nos encargamos de romperlo todo con infidelidades, con gritos, con egos que pesan más que el bienestar de los que más nos necesitan. Confundimos el amor con una guerra y nos olvidamos de que en el medio hay ojitos que miran y corazones que guardan cada golpe. Me quedé ahí, pensando en el trasfondo de tanto caos, y me hice una promesa silenciosa. Yo no quiero eso. Yo no quiero ser el arquitecto de un hogar de cristal que se rompe al primer viento. Si algún día la vida me regala la ...