Nosotros, más o menos
Nosotros no éramos perfectos.
Éramos eso que se intenta cuando ya venís cansado de intentar.
Dos personas queriéndose con miedo, con heridas abiertas
y con ganas de que esta vez no duela tanto.
Nos amamos como pudimos.
A veces bien.
A veces para el orto.
Porque nadie te enseña a querer sin defenderte,
ni a quedarte sin perderte.
Yo te elegía incluso en los días en que no sabía si quedarme.
Y vos me elegías cuando yo era difícil de bancar.
Eso también fue amor, aunque no salga en las películas.
El problema no fue la falta de amor.
Fue la falta de descanso.
Cansarnos de explicarnos, de esperarnos, de perdonarnos siempre lo mismo.
Amar también agota cuando duele seguido.
Nos quisimos con versiones incompletas de nosotros mismos.
Con promesas que eran más deseo que certeza.
Con abrazos que a veces curaban
y otras veces solo tapaban el problema.
Y aun así, hubo verdad.
En las charlas de madrugada.
En los silencios cómodos.
En mirarnos y saber que ahí, por un rato, estábamos a salvo.
Tal vez amar no sea quedarse para siempre.
Tal vez sea pasar por la vida del otro sin romperlo.
Irse a tiempo.
Agradecer lo aprendido.
Y soltar sin rencor.
Porque si algo fue real,
no necesita durar para siempre
para haber valido la pena.
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