Encontrar amor a los 30 es un dolor de huevos
Hay algo raro cuando estás pisando los 30 y mirás alrededor… como si todo el mundo estuviera medio roto pero haciendo de cuenta que no pasa nada. Como si todos hubieran aprendido a sobrevivir, pero nadie supiera muy bien cómo volver a confiar. Y en el medio de eso estás vos, tratando de armar algo real, algo sano, algo que no sea un parche… pero se complica más de lo que debería.
Porque ya no es como antes. Antes era más liviano, más inocente. Ahora cada persona viene con historia, con cicatrices, con miedos que no siempre dicen en voz alta pero que se sienten en cada reacción. Te mandás una, una boludez capaz, y del otro lado ya flashean cualquiera. Que sos igual al ex, que vas a hacer lo mismo, que todo va a terminar igual. Pará un poco… ¿qué les pasa? No soy esa persona, no estuve en esa historia, no merezco pagar lo que hizo otro.
Y cansa, loco. Cansa tener que demostrar todo el tiempo que vos no sos el problema que alguien más dejó. Cansa sentir que estás rindiendo examen por errores que ni siquiera son tuyos. Porque una cosa es equivocarse, sí, todos nos mandamos cagadas… pero otra muy distinta es no darte margen ni siquiera para ser humano.
Yo entiendo, eh. Entiendo que cuando te lastiman fuerte te volvés más cuidadoso, más desconfiado. Es lógico. Pero vivir así, tan a la defensiva, también te hace mierda. Porque no dejás entrar a nadie de verdad. Porque todo el tiempo estás esperando el golpe, entonces reaccionás antes de que pase… y terminás generando exactamente lo que querías evitar.
Y ahí es donde siento que está la diferencia posta: no en el error, sino en lo que hacés después. En cómo te hacés cargo, en si aprendés o si repetís. En si elegís construir o seguir rompiendo. Pero parece que hoy en día nadie mira eso… apenas ven algo que les recuerda al pasado, chau, se cierran, levantan la muralla y listo. No hay segunda mirada, no hay intento, no hay paciencia.
Entonces te empezás a cuestionar todo. Decís… ¿vale la pena? ¿Tiene sentido seguir intentando? Porque no es que uno no quiera algo serio… al contrario. Yo quiero eso. Quiero una compañera, alguien con quien proyectar, con quien armar algo de verdad. No quiero vínculos a medias, no quiero estar adivinando todo el tiempo qué siente el otro. Pero parece que cada vez es más difícil coincidir.
Y pasa el tiempo. Y te vas acercando a los 30… o ya estás ahí… y te empieza a pesar. Porque ya no es solo “bueno, ya va a aparecer”. Empezás a pensar más en serio. En formar una familia, en construir algo estable, en tener un proyecto compartido. Y de repente todo eso que parecía tan natural… ya no lo es tanto.
Te encontrás dudando, pensando que capaz no se da. Que capaz no es para vos. Que capaz ya está, que ya fue. Y no porque no tengas ganas, sino porque el contexto te va desgastando. Porque cada intento fallido te deja un poco más cansado, un poco más frío, un poco más cerrado también… aunque no quieras.
Y es medio injusto, ¿no? Porque uno no quiere volverse así. Uno quiere seguir creyendo, seguir apostando, seguir sintiendo. Pero también hay un límite. No podés ir siempre contra la corriente sin que en algún momento te afecte.
Igual, en el fondo, creo que no es que no exista… creo que es difícil. Muy difícil. Porque hay que coincidir en un montón de cosas: en tiempos, en ganas, en formas de amar, en heridas que no interfieran tanto… y eso no pasa todos los días.
Pero también pienso algo… capaz no se trata de encontrar a alguien perfecto o sin pasado, porque eso no existe. Capaz se trata de encontrar a alguien que, aun con todo lo que vivió, elija no proyectarlo en vos. Que se permita confiar de nuevo, aunque cueste. Que entienda que no sos su ex, que sos vos.
Y mientras tanto… nada, toca seguir. A veces con ganas, a veces medio en piloto automático. Pero sin dejar de ser uno mismo. Sin endurecerte de más, sin volverte alguien que no sos solo por lo que te tocó vivir.
Porque si hay algo peor que no encontrar a alguien… es perderte a vos en el intento.
Comentarios
Publicar un comentario