Soy un re chabon
Me costó un montón de noches de mierda, de tragarme la bronca en el auto y de masticar el silencio en la ruta para terminar de entenderlo, pero hoy me miré al espejo, me planté y me lo dije con todas las letras: soy un re chabón. Y ojo, no lo digo desde el ego barato ni de agrandado; lo digo con el orgullo del que sabe perfectamente la clase de madera de la que está hecho y el valor real que tiene como hombre. Porque en un mundo lleno de tibios, de pibes que juegan a ver quién demuestra menos, quién contesta más tarde o quién estira más el orgullo para ver quién tiene el poder, yo elijo ser real. Yo elijo la sencillez de ir de frente, sin estrategias baratas de manual.
Soy el tipo que se rompe el lomo laburando todo el día, que lidia con la presión del laburo, y que aun así, con el cuerpo destruido y el cerebro quemado, si te quiere ver, no te pone una sola excusa. Me clavo 60 kilómetros de ida y 60 kilómetros de vuelta en la ruta, de noche, cansado, sin que me importe gastar plata o perder horas de sueño, solo por el hecho genuino de compartir un momento con la persona que elegí. Pongo el cuerpo, pongo el tiempo, pongo la nafta y pongo el corazón arriba de la mesa sin dudarlo un segundo, porque cuando yo quiero a alguien, lo quiero en serio. No sé querer a medias. No me sale la del histérico que te da atención hoy y mañana desaparecer para hacerse el interesante. Si estoy, estoy entero.
A mí me enseñaron lo que es el respeto de verdad. A mí me criaron para hablar las cosas cara a cara, como la gente adulta, para cuidar los espacios de la persona que tengo al lado y, sobre todo, para dar paz, no para sembrar quilombos donde no los hay. Por eso da tanta impotencia, tanto dolor y tanta bronca en el pecho cuando te pagan con la misma moneda de siempre. Es cansadísimo que en lugar de valorar que tenés a un tipo derecho al lado, te midan con la vara del pasado. Que vivan buscando la quinta pata al gato, analizando cada mensaje, cada palabra, cada silencio, como si fueras un enemigo que les quiere hacer pisar el palito. Te arman una hipótesis en la cabeza basados en sus propios mambos, la dan por ley, y en vez de preguntarte con amor "Che, ¿está todo bien?", saltan con los botines de punta con esa teoría infantil de "si vos vas, yo ya fui y volví", o pagándote con la misma distancia que ellos mismos se inventaron.
Es un desgaste mental tremendo caminar sobre cáscaras de huevo, sintiendo que cualquier cambio de tono te convierte automáticamente en el malo de la película. Y encima, si ponés un límite con altura, si plantás bandera y les decís que no te pasa nada, te tratan de que "te hacés el santito" para sacarse la culpa de encima, te clavan el castigo de la indiferencia y se van como si nada, dejándote con todo el clavo cargado a vos. Ahí es donde te das cuenta de que todas las flores que te tiraban, todo el "nunca me quisieron así" y el "voy a intentar ser mejor mujer", se desploman a la primera de cambio. Porque prometer amor es facilísimo cuando estás cómoda y todo marcha sobre rieles, pero la madurez de una persona se ve cuando las papas queman, y ahí es donde eligen el portazo y el orgullo antes que hacerse cargo de sus propios errores de comunicación.
Pero se terminó, Mati. Hoy puse el freno de mano. Aprendí, a los golpes pero con firmeza, que mi amor, mi tiempo y mi esfuerzo son un privilegio absoluto, no una oferta de liquidación para cualquiera que no sepa qué hacer con eso. El que me quiera tener en su vida va a tener que aprender a comunicarse como una persona adulta, a valorar la tranquilidad que le ofrezco y a cuidar el esfuerzo enorme que hago todos los días. Yo no juego a los juegos mentales de nadie, ni tengo que andar pidiendo perdón por las películas que la otra persona se filma sola en su cabeza. Me amo y me respeto demasiado como para bancarme que me hagan sentir que soy el culpable de su falta de madurez.
Me dolió la situación, sí, no te lo voy a negar, porque uno pone la expectativa y el corazón ahí. Da una bronca hermosa ser un buen chabón y que te descuiden de esa manera tan gratuita. Pero hoy, mientras armo mi plan, salgo de las cuatro paredes y me voy al cine a despejar la cabeza y a mirar una pantalla gigante, me llevo la certeza más linda de todas: camino con la frente bien alta, la conciencia limpia y el corazón en paz. Yo no perdí nada, di lo mejor que tenía de manera limpia y honesta. La que no supo qué hacer con un tipo de verdad, la que prefirió quedarse en el barro del drama antes que habitar la paz de una relación sana, fue ella. Me quedó chico el lugar, porque soy un re chabón, y el que no tenga los pantalones para estar a la altura, que me mire de lejos cómo sigo adelante.
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