No era tan dificil
A veces no era que no me querías,
era que no sabías cómo querer sin romper.
Y yo…
yo no sabía cómo quedarme sin dejar de ser yo.
Nos mirábamos como si el amor fuera una guerra
y no una casa.
Como si hubiera que ganar algo
en vez de abrazarse y listo.
Me acuerdo de todas las veces
que bajé el volumen de lo que sentía
para que no te incomode.
De todas las veces que pedí menos
para no parecer demasiado.
Y al final me fui siendo para vos el complicado,
el intenso,
el que siempre quería “hablar de todo”.
Pero nadie te dice
que el que se anima a hablar
no es el problema,
es el que todavía tiene fe.
Yo te quise bien.
Con errores, con celos boludos, con miedo a perderte,
pero te quise limpio.
Sin estrategia.
Sin plan B.
Y cuando entendí que amar no es convencer a nadie
de que se quede,
algo en mí se acomodó.
Porque el amor no se mendiga,
no se negocia,
no se explica diez veces.
El amor es simple.
Es elegir y bancarse lo que eso implica.
Hoy no te odio.
Ni siquiera te extraño como antes.
Hoy me agradezco.
Por haber sentido fuerte.
Por no haber jugado a medias.
Por haberme ido cuando dolía,
pero todavía me quedaba dignidad.
No era tan difícil.
Era querernos sin competir.
Pero a veces uno aprende tarde
que el amor no es intensidad sin rumbo,
es paz con ganas.
Y yo ahora quiero eso.
Algo que no me apague.
Algo que no me haga dudar de lo que valgo.
Algo que cuando me abrace
no me haga sentir que estoy pidiendo permiso.
Si vuelve el amor,
que me encuentre más entero.
Más tranquilo.
Más yo.
Y si no vuelve,
al menos que nunca más me encuentre
achicándome
para entrar en el miedo de alguien más.
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