Para -L

 Lo que no cierra, no encaja. Y lo que hay que forzar hasta romperlo para que entre en la caja, tarde o temprano se rompe.

Hay una diferencia enorme entre cuidar un jardín y estar todo el día vigilando que no le tiren veneno a las flores. Cuando tenés que convertirte en detective de tu propia historia, la paz ya armó las valijas y se fue por la puerta de atrás.

Te quieren vender que el río cambió de curso solo por un "error de la corriente", cuando sabés perfectamente quién abrió la compuerta. Te quieren convencer de que el humo que estás viendo con tus propios ojos no es fuego, sino un truco de magia. Y lo peor no es el truco; lo peor es que te miren a la cara con el libreto en la mano y esperen que aplaudas al final de la función.

A veces te tiran un plato caliente sobre la mesa para tapar que la casa se está prendiendo fuego. Te traen una taza de café a la cama como si con un poco de azúcar se pudiera endulzar la mentira que te acaban de meter en el pecho. Es el drama preparado, la valija armada a mitad del pasillo para dar lástima, el llanto de quien no llora por haber roto la vajilla, sino porque la agarraron con las manos en la masa.

Soltar duele. Duele un montón porque uno no se enamora solo de lo que hay, sino de la ilusión de lo que pensaba que estaba construyendo. Pero duele mucho más quedarse a vivir en una obra en construcción donde los cimientos están podridos. No podés poner el corazón en un lugar donde tenés que estar pidiendo la verdad como si fuera un favor.

Valorate vos. La tranquilidad de apoyar la cabeza en la almohada sabiendo que no jugás sucio no se negocia con nadie. Ni por un café, ni por una bandeja en la cama, ni por un llanto a destiempo.

Cuando la verdad se oculta detrás de tantas cortinas, la única salida inteligente es dejar de actuar en el teatro.

Comentarios

Entradas populares