No nos enseñaron a amar

Creo que uno aprende a amar de verdad cuando se da cuenta de que querer a alguien no siempre significa saber quererlo. Porque podés amar muchísimo a una persona y aun así no entender qué necesita, podés tener las mejores intenciones y terminar lastimándola, podés querer arreglar las cosas y, sin darte cuenta, empeorarlas. Y creo que eso es lo difícil del amor: que no alcanza con sentir, también hay que aprender.

Porque nadie nos enseña a estar en pareja. Nadie te explica qué hacer cuando la persona que amás está triste y no sabés cómo ayudarla, qué decir cuando te reclama algo que vos no ves de la misma manera, o cómo reaccionar cuando algo te duele pero sabés que si hablás desde el enojo probablemente termines diciendo cosas que después vas a lamentar. Entonces uno improvisa. Con lo que vio en su casa, con lo que aprendió de relaciones anteriores, con sus propias inseguridades. Y muchas veces terminamos queriendo a alguien desde nuestras heridas, no desde lo que realmente necesita la relación.

Hay veces en las que confundimos una discusión con una amenaza. Sentimos que si alguien nos reclama algo es porque ya no nos quiere, porque está cansado de nosotros, porque algo se rompió. Y entonces nos defendemos. Queremos demostrar que no somos malos, que no tuvimos intención de hacer daño, que también hacemos muchas cosas bien. Pero quizás el amor no siempre necesita una defensa. A veces necesita una pausa. Necesita que puedas mirar a la persona que tenés enfrente y preguntarle, de verdad, qué le pasó.

Porque quizás eso es madurar en el amor: dejar de escuchar solamente las palabras y empezar a escuchar lo que hay detrás.

"¿Por qué hiciste esto?"

A veces significa:

"Necesito sentir que te importo."

"¿Por qué nunca me entendés?"

A veces significa:

"Necesito sentir que puedo hablar con vos."

Y quizás aprender a escuchar esas cosas cambia completamente una relación.

También creo que amar es aceptar que la otra persona no está en este mundo para cumplir con todas nuestras expectativas. Va a tener días malos. Va a necesitar espacio. Va a equivocarse. Va a tener formas de demostrar cariño que quizás no coincidan con las tuyas. Y vos también vas a hacer todo eso. Vas a fallar. Vas a decir algo que no querías decir. Vas a tener días en los que ni siquiera vas a saber qué te pasa.

Por eso cada vez creo menos en ese amor perfecto que uno ve de afuera. Creo más en el amor que se construye después de una conversación incómoda. Después de un "perdón". Después de reconocer que te equivocaste. Después de una noche en la que los dos estuvieron a punto de mandarlo todo a la mierda y, sin embargo, decidieron sentarse y hablar.

Porque para mí, amar no es nunca pensar en irte.

Es tener motivos para quedarte y decidir hacerlo.

Y también entender que quedarse no significa soportarlo todo. Que amar a alguien no te obliga a aceptar que te hagan daño. Que podés querer profundamente a una persona y aun así entender que quizás sus caminos ya no coinciden con el tuyo.

Supongo que eso es lo que más miedo da del amor.

Que nunca tenés el control.

Podés hacer las cosas bien y aun así perder a alguien.

Podés dar todo lo que tenés y aun así no ser suficiente para esa persona.

Y al mismo tiempo, podés conocer a alguien cuando menos lo esperás y descubrir que no necesitabas que alguien viniera a salvarte. Solo necesitabas encontrar a alguien con quien compartir el camino.

Un amor donde podamos decirnos las cosas aunque incomoden. Donde podamos crecer sin sentir que crecer significa alejarnos. Donde cada uno pueda tener su mundo y, aun así, exista un lugar al que los dos quieran volver.

Porque al final creo que eso es lo que uno busca.

No alguien que prometa quedarse para siempre.

Sino alguien que, pudiendo irse,

siga encontrando razones para quedarse.

Y quizás amar sea exactamente eso.

No tener la certeza de que alguien va a estar mañana...

sino disfrutar profundamente que hoy está.

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